Comprometerse da seguridad a los demás y a uno mismo y en cierto modo es necesario en casi todos los aspectos de la vida, pero no es suficiente. El compromiso se verá refrendado por tus acciones, y este punto es el que marca la diferencia y transforma la seguridad en confianza, enriquece tu liderazgo personal y te da valor.
Cumplir nuestros compromisos nos hace sentir bien de una forma muy especial, muy conectada a la versión que más nos gusta de nosotros. Pero también hay otra forma de vivir el compromiso, aquella en la éste se transforma en una trampa (tendida por nosotros mismos) y nos hace caer tortuosamente en “la esclavitud del compromiso”. Esto tiene que ver con los “compromisos saludables y compromisos tóxicos”.
_
Necesitamos cumplir nuestra palabra
Es esencial. Imagínate relacionarte con alguien que no cumple su palabra, imagina como son tus actitudes hacia esa persona, las precauciones que comienzas a tener y como se va erosionando la seguridad que esa persona transmite, poco a poco se crea una desconfianza que se traduce en un distanciamiento emocional (y muchas veces también físico). Nos alejamos de aquello que nos hace desconfiar.
Ahora imagínate que eres tú quien no cumple su palabra. Imagina que eres tú quien falla una y otra vez ante los compromisos adquiridos. Además de lo que generas en la otra persona, está lo que generas en ti, y no es nada bueno.
Piensa en cómo te sientes cada vez que “fallas a tu palabra”, piensa en cómo te sientes cada vez que elaboras una lista de compromisos y propósitos que no cumples… esa misma inseguridad que aparece en las otras personas, también puede aparecer en ti y hacia ti, con un coste emocional muy elevado, una perdida de valor importante y un daño a nuestro autoconcepto.
No cumplir tu palabra es descapitalizarte emocionalmente, hacia ti mismo y hacia los demás.
_
La peligrosa influencia de tu sentido de la responsabilidad
Considerando lo anterior ten en cuenta que tu “sentido de la responsabilidad” se activará para cumplir el compromiso que has dado. Esto puede estar bien, porque te mantiene en alerta para darle valor a tu palabra, o puede convertirse en una pesadilla cuando todas (o la mayoría de tus energías) se centran fundamentalmente en CUMPLIR OBSESIVAMENTE TU PALABRA.
El “sentido de la responsabilidad” puede ser tan beneficioso como perjudicial, y una de las claves en que tome una vertiente u otra está en el tipo de compromiso que adquirimos, esto es, si se trata de un “compromiso tóxico” o un “compromiso saludable”.
_
La trampa y la ceguera
Un “compromiso saludable” es aquel que ajustado a tus valores es ecológico contigo y con los demás, y no solo te beneficia sin menoscabo de nadie, si no que puede redundar directa o indirectamente en beneficio de otras personas.
Por el contrario, el “compromiso tóxico” es aquel que no está en armonía con algunos de tus valores, y su cumplimiento implica tu propio sacrificio, el de otra persona, o un sufrimiento/daño excesivo durante todo o parte del proceso. Ojo, el compromiso tóxico tiene muchos disfraces, y a veces se viste de las cosas aparentemente más inofensivas (no pongo ejemplos, piensa en aquellas cosas que se terminan enquistando en tu conciencia y no te están aportando absolutamente nada).
Cuando un “compromiso tóxico” activa en “tu sentido de la responsabilidad” has caído en una trampa peligrosa, por un lado sientes que tienes cumplir tu palabra para no fallar o fallarte, y por otro, sientes que te estás destruyendo, traicionando o perjudicando de una forma u otra.
Lo bueno de nuestro “sentido de la responsabilidad” se vuelve contra nosotros, nos atrapa aún sabiendo que “no queremos” hacer lo que se supone que “debemos hacer”, y nos cegamos. Es posible que aún sintiendo que nos estamos forzando a hacer algo que no queremos ni se nos pase por la cabeza (ni por el corazón) abandonar el camino para cumplir ese “compromiso”. Son momentos de ceguera, agobio, bloqueo y en la mayoría de los casos de una molesta inquietud interior.
_
Dejar de avanzar hacia el precipicio
Llámalo “dejar de avanzar hacia el precipicio” o “asertividad” o lo que quieras, pero es la llave que nos hace recuperar la libertad. Parar, observar, TOMAR UNA DECISIÓN y llegado el caso: DECIR NO.
Se trata de tomar conciencia del tipo de compromiso que he adquirido y qué me está aportando. ¡CUIDADO! NO HABLO DE ELUDIR RESPONSABILIDADES (utiliza todo tu sentido común para interpretar éste artículo). Mi propuesta es “observar” qué tipo de compromisos son los que me desvelan, los que me hacen tener una mala digestión, los que me alejan de lo que quiero ser, los que me chantajean a mí mismo… tomar conciencia de ellos y decir no.
Una cosa es asumir la responsabilidad cuando adquiero un compromiso y sus costes, y otra muy diferente es “suicidarme” por haber adquirido un compromiso que de una forma u otra me daña.
¿Qué sentido tiene avanzar por una vía muerta? ¿Qué sentido tiene avanzar hacia el precipicio? ¿Qué sentido tiene seguir con la mano sobre la llama cuando ya hueles a quemado?
…a caso no hay mayor RESPONSABILIDAD que la de CUMPLIR CON LOS VALORES QUE TE HACEN MEJOR por encima de esos “compromisos tóxicos”.
0







Me encanta este blog, leo todo lo que escribe! Me temo que yo he vuelto a caer en otra trampa y camino de otro “compromiso” tóxico… ¿Por qué? Verá, tuve una relación de 6 meses con un chico en la que llevábamos una vida como de pareja pero sin serlo. Porque él aún admitiendo sentir algo por mí, no quería nada serio. Yo, por supuesto, sí y le quería mucho. Al final viendo que aquello no avanzaría, él tenía bastantes problemas y se negaba completamente a tener nada más conmigo, yo muy a mi pesar decidí decirle adiós y olvidarle. Cosa que no conseguí.
Ha pasado un año largo, quizá dos. Y se ha vuelto a cruzar en mi camino. Él no ha cambiado en nada, lo sé. Y nuestra relación sigue en el mismo punto que se quedó, es triste y curioso a la vez. Sigue habiendo la misma conexión pero sé que por su parte nada más. Y yo ya estoy otra vez en esa fase de no poder quitármelo de la cabeza.
Pensé que quizá yo podía mantener esto esta vez sin que me doliera, pero me temo será imposible. Por otro lado, pienso que estar con él puede dolerme, pero estar sin él también…Y como además en estos dos años no conseguí olvidarle, eso me frustra bastante. Sé que he tropezado otra vez con la misma piedra y todo el mundo dice fácilmente que hago mal, pero tampoco me arrepiento. No sé cuanto cegada estaré porque yo creo ver la realidad pero él me puede… no sé si es dependencia o qué es!
Muchas gracias!!
Saludos
Gracias por compartir tu experiencia Alexandra, y muchas gracias por seguinos!
A tu comentario prefiero responderte por mail, 😉
Un saludo!