Hola, ¿molesto?
Muchas veces me pregunto cuántas oportunidades habré perdido en mi vida si no me hubiera preocupado tanto de no molestar. Y es que el exceso de prudencia funciona como un aturdidor de nuestra soltura, de nuestra eficacia…
Y que conste que no me identifico con quienes adoptan la postura contraria, no me siento cómodo saltándome los derechos de los demás para conseguir lo que quiero, o invadiendo espacios de otras personas para alcanzar mis propósitos.
Y mira que me gusta molestar, lo reconozco, y sacar de quicio. Creo que se me da genial, es una de las especialidades que me definen pero aún no sé cómo enfocarla de manera adecuada para convertirla en algo al servicio de los demás (jjj)… no sé, no termino de ver que en mi tarjeta ponga “molestador”, “sacador de quicio” o algo parecido ;)…
Y es que ‘saber molestar’ es todo un arte, incomodar en el momento adecuado con la intensidad adecuada puede servir de ‘acelerador’ de muchos procesos y muchas circunstancias.
.
Morir de prudencia
A veces es por timidez, otras veces por falta de seguridad, lo cierto es que un exceso de ‘educación’ puede hacernos caer en una invisibilidad que acabará devorando nuestros propios deseos, nuestras intenciones y nuestra autoestima.
La prudencia, ejercida en dosis exageradas, te borra, te pone al margen y te hace perder oportunidades.
Resulta curioso indagar qué se esconde detrás de esa actitud. ¿Qué te engancha al exceso de prudencia? ¿Qué beneficio estás obteniendo siendo prudente?… ¿Y qué costes te está suponiendo esa prudencia?… ¿Te compensa?, si te compensa no hay más que hablar, y en muchas ocasiones nos compensará, seguro. Pero si en algunos momentos deja de compensarnos, quizás debamos plantearnos otro tipo de estrategias y ser un poco ‘menos prudentes’.
¿En qué momentos te hubiera gustado o te gustaría no ser tan prudente? ¿En qué contextos la prudencia fue o es una forma de sabotearte?
No me creo que el mundo sea solo de los extrovertidos, tampoco me creo que la mala educación sea una llave para nada, pero sí considero que una forma de autosabotaje consiste en envolvernos bajo el velo una prudencia excesiva y limitadora.
.
Morir de impertinencia
También se puede morir de impertinencia, la impertinencia aleja a las personas, nos separa. Es verdad que podemos consentir ciertos niveles de impertinencia que, al principio, y según el tono que se emplee, puede ser hasta divertida… pero al poco tiempo, y haciéndola redundante, puede acabar haciéndonos huir del impertinente o la impertinente.
La diferencia entre “molestar adecuadamente” y “ser impertinente” reside fundamentalmente en que en el primer caso resultas “incómodo dentro de contexto” y esa incomodidad se acepta por ser reveladora. En cambio, la acción ‘impertinente’ no viene al caso, está fuera de lugar apareciendo grotescamente por la puerta de atrás y generando mucho ruido para colocarse en medio de una situación, en la que no se le esperaba, causando desagrado.
.
Molestar te hará libre
Visto lo visto y definidas las líneas rojas, entre el ‘exceso de prudencia’ y la ‘impertinencia’ queda un amplio margen por el que podemos fluctuar libremente, y tener el valor de surfear por ese margen puede hacernos más libres y más auténticos, sin caer en la temeridad, ni ser pusilánimes.
Es por tanto el contexto y no salirse del mismo lo que nos da la clave, y dentro de estas fronteras ejercer nuestro derecho a decir, hablar, opinar, pedir, dar o no dar, confrontar y ser ruidosos… es algo que nos hace libres, auténticos y naturales.
Decir lo que pensamos no siempre le gustará a todo el mundo, hacer lo que creemos que tenemos que hacer resultará incómodo para algunas personas, actuar en función a lo que sentimos puede resultar chocante para otros… pero hacer todo esto, desde el respeto (aunque resultemos incómodos) es un derecho que todas las personas poseemos. No hemos venido al mundo para generar consenso, esto es una realidad, y si generar consenso o ‘no molestar’ se convierte en uno de nuestros propósitos acabaremos ahogándonos de complacencia.
Resulta por tanto definitivo tener claro en qué escenario me muevo y conocer qué normas me puedo saltar y cuándo me las puedo saltar, sentir que me puedo hacer notar sin salirme de la situación. Esto también tiene sus riesgos, por ello es necesario asumir los errores y las equivocaciones con naturalidad y con sentido del humor, aprender a reírnos de nosotros mismos y no darnos tanta importancia.
.
Provoca, haz ruido, hazte notar, no seas invisible. No pases desapercibido, desde tu manera de ser, sin forzar nada, a tu estilo. Desafía a tu prudencia, cómete un rato tu timidez, tampoco te dejes caer por el lado temerario de la vida, pero múevete. La provocación es un arte y conocer tu estilo de provocar es una forma de autoconocimiento. Saber molestar con la intensidad adecuada, en el momento adecuado es un forma de hacerse presente si causar indiferencia. No seas invisible.
Quizás esta entrada no vaya contigo, no la entiendas, es posible, pero si eres de esas personas que está entendiendo el sentido de estos párrafos… probablemente necesites desanudarte la prudencia para ganar en libertad de movimientos.







Deja un comentario