Creo que no hay peor verdugo que quien fue alguna vez víctima. No quiero decir que quien fuera víctima tenga que convertirse necesariamente en verdugo, no voy por ahí, afortunadamente esto no ocurre y el proceso de des-victimización puede tener las mejores consecuencias posibles. De hecho, también podríamos decir que no hay mayor autoridad que la de quien gestionó con ‘ecológica resiliencia’ su situación y se convirtió en ‘sana referencia’ para sí mismo y para los demás (ejemplo: Nelson Mandela).
Sentirse ‘mangoneado’ es una forma de sentirnos ‘víctimas’, víctimas de los demás, de nuestras relaciones, en las que nos sentimos dominados o manejados por alguien o por alguna circunstancia, en las que percibimos (sea real o no) que se ejerce sobre nosotros una autoridad despótica.
Gestionar el ‘mangoneo’ es posible, y dependerá también de nosotros que esa gestión sea lo más efectiva y productiva posible. Es cuestión de aprendizaje (o de desaprendizaje, cómo tú quieras verlo). No es algo fácil, tampoco es algo imposible.
.
Dejas de relacionarte para pasar a defenderte
No estamos solos, somos seres sociales (te guste o no). De hecho, si hemos conseguido sobrevivir como especie (y tú también te incluyes aquí, aunque lo veas muy lejano) es porque logramos organizarnos y complementarnos unos con otros. Hoy en día, si no aprendemos a trabajar en red, a la larga seremos tan efectivos como el navegador de un ordenador sin conexión a internet (podrá funcionar muy bien, pero no servirá para nada).
Desgraciadamente nos han enseñado más a ‘defendernos’ que a ‘relacionarnos’. No quiero entrar en las causas, las personas somos el resultado final (siempre provisional) de nuestra propia biografía, y en nuestras actitudes y comportamientos se mezclan educación recibida, experiencias, relaciones pasadas, etc., lo cierto es que venga de donde venga, esa posición recurrente de ‘estar a la defensiva’ termina por generar un velo de hostilidad permanente que se manifiesta con mayor o menor intensidad en función de cada contexto.
Estar recurrentemente o pasar con demasiada facilidad a un estado de ‘alerta continua’ en nuestras relaciones termina por hacernos huir cada vez más de contextos sociales (con el consiguiente alejamiento de los demás), enfrentarnos con los otros o utilizar la amenaza como mecanismo de defensa (con el consiguiente coste emocional), o quizás, permanecer en una insana inmovilidad que terminará obstaculizando cualquier posibilidad de aprendizaje y descubrimiento.
.
¿Qué genera tu manera de relacionarte?
Todas las personas somos únicas, pero no somos imprescindibles. No somos imprescindibles, pero sí irremplazables. Cómo tú no hay nadie, y ahí precisamente reside tu valor añadido, seas como seas, poner en valor lo que te caracteriza y forma parte de ti es uno de los mayores y más efectivos retos que podemos afrontar las personas. El tema es que, como seres sociales que somos, nuestras capacidades se terminan articulando (casi siempre) en relación a los demás.
…eso sí, eres único o única, eres especial, pero ojo, no eres el centro del universo. Te lo digo de otra manera: no todo el mundo está todo el tiempo pensando en ti, en lo que haces y en lo que dejas de hacer, en lo dices y en cómo lo dices. Es así, no existe una conspiración universal contra ti, aunque a veces la percibas…
…y es que existe una paradoja muy curiosa en las personas que mantienen una actitud defensiva en sus relaciones: levantan continuamente altos muros para protegerse de los demás y una vez levantados se quejan de que los demás no cuentan con ellas, no las ven, guardan las distancias con respecto a ellas, o no las entienden… joder, ¿qué esperas?
.
…cuando se te va la mano
Otro momento significativo que puede darse cuando una persona que se siente ‘mangoneada’ por los demás es cuando decide ser ‘asertiva’, (atención: peligro). Asertividad, esa capacidad de afirmarse ante los demás, de hacer valer los derechos propios ante los otros, de saber ‘decir que no’ sin sentirse mal, de poner límites, de sentirnos libres,…
Verás, si la asertividad es una de las habilidades ya de por sí más complicadas de ejercer en todas sus dimensiones, cuando sentimos que venimos de ‘territorio hostil’ y queremos ejercer nuestra asertividad corremos el peligro de pasarnos de frenada y transformar nuestro estilo (aparentemente) pasivo en un estilo (claramente) agresivo. Agresividad que se puede manifestar con un ‘NO’ explícito, un tono de voz tajante, un silencio, una ausencia o incluso algún reproche. Manipulas el ejercicio de la asertividad para convertirla en un arma perfecta, con justificación incluida.
Cuando la asertividad la empleas para defenderte, ya no es asertividad. Sentías que te mangoneaban y terminas mangoneando a todo el mundo. Ya sabes decir que ‘NO’, y lejos de convertirlo en un recurso para ejercer tus derechos lo conviertes en una herramienta para marcar aún más tus límites, confrontar a las personas que no son como tú y levantar tus muros con más agilidad si cabe.
Es entonces cuando se te va la mano y te olvidas de que una persona asertiva, además de autoafirmar sus propios derechos, es capaz de hacerlo sin lesionar los derechos de los demás, es capaz de posicionarse sin dañarse a sí misma y sin dañar a nadie. Sin manipularse y sin manipular a los demás.
.
Si quieres que te acepten: acepta
Si pones distancia, asume la distancia. Si te defiendes, asume la frialdad que generes. Si atacas, asume la respuesta. Si crees que tienes mucho que perder, probablemente es que ya no tengas nada, o poco, y si crees que lo mejor es esconderlo: ni nadie podrá verlo, ni dejarás que le dé el sol a tus virtudes, las cuales no podrán hacer la fotosíntesis y se terminarán marchitando. Es así.
Bien es cierto que estar en apertura y relacionarse con los demás, no implica que obtengas los mejores resultados siempre. Es condición necesaria que asumas el riesgo, asumir el riesgo a dar y que no te den, a ofrecer y que no te acepten lo que ofreces, a obtener respuestas que no esperabas (a veces buenas, a veces malas)… pero es que ese riesgo es el que precisamente marca la diferencia entre quienes terminan optimizando su forma de ser y quienes se empobrecen.
…por cierto, para tu tranquilidad, cuando hablo de ‘aceptar al otro’, me refiero a ‘aceptar a la persona’, no me refiero ‘aceptar todo lo que la otra persona hace o dice’. Saber disociar esto es absolutamente liberador: te acepto a ti, pero no acepto eso que has hecho o dicho, estableciendo límites desde la libertad, el respeto y manteniendo viva la relación.
No todas las personas son como nos gustaría que fueran, afortunadamente. Cuanto más capacidad tengamos de saber estar y relacionarnos con personas de distinto carácter al nuestro, más ampliaremos y desarrollaremos nuestro mundo, nuestra capacidad de respuesta ante distintas situaciones, nuestra capacidad de reducir nuestros miedos y de ser nosotros mismos.
.
Deja de quejarte (y comparte)
No vale, no funciona. La queja es también una forma de manipularte a ti mismo y de manipular a los demás a través de ella. Arriésgate. No es fácil, no es imposible. Invierte en los demás, y no pienses en las pérdidas. Redescubre a las personas, sobre todo a las que son más diferentes a ti, esto se hace “desaprendiéndolas”, porque cuando ya creemos que tenemos “aprendidas” a las personas agotamos la posibilidad de verlas con otras perspectivas. Aprende a ver lo mejor de quienes son distintos a ti.
Marca tus límites sin cerrar puertas. Desarrolla esa fabulosa capacidad que tenemos las personas de adaptarnos a contextos distintos, porque la tenemos. Recuerda que siempre tenemos la posibilidad de aprender de nosotros mismos, y recuerda, sobre todo, que los demás también aprenden de nosotros seamos nosotros los responsables de su educación o no.
.
https://www.youtube.com/watch?v=OQZmrdwK7YM
.
—-
Procesos y Aprendizaje
puedes seguirnos
en
FACEBOOK (de una manera diferente)
y
en
TWITTER (compartiendo caracteres)
—
No querías que nadie te mangoneara y terminaste mangoneando a todo el mundo
—
Foto de cabecera extraída de pixbay.com, autor zdenet
.
0






Siempre he pensado que debemos tratar a los demás como desearíamos que nos trataran a nosotros. ¿Siempre?, jejeje, quizás siempre no, posiblemente cuando empecé a ser asertivo, cuando me aparte de la “insana inmovilidad que termina obstaculizando cualquier posibilidad de mi aprendizaje y descubrimiento” y comprendí que debía ser más efectivo que ese navegador de mi ordenador que no tiene la conexión a internet, como dice nuestro querido David. Quizás empecé hace poco, tal vez hace dos días, o quizás hace cuarenta años, no lo sé, pero “nunca es tarde si la dicha es buena”
Hola Benito,
…a ver qué te parece este antiguo post:
http://www.procesosyaprendizaje.es/no-trates-a-los-demas-como-te-gustaria-que-te-traten/
Saludos!!
David